Los colibríes conversan con la primavera. El Sol mira como crecen los trigales. Las flores sueñan con la luz, mientras el lebrel de la guerra busca sangre y los medios de prensa a nivel mundial, hablan de Ucrania y Putin.
Por mi parte m pregunto ¿Quién es el hombre?
Y vuelvo a El oro de los Tigres de Borges. Releo, Génesis IV: “Fue en el primer desierto./ Dos brazos arrojaron una gran piedra./ No hubo un grito. Hubo sangre./ Hubo por primera vez la muerte./ Ya no recuerdo si fue Abel o Caín.”
En ese instante siento que los brazos de mi nieto menor entrelazan mi cintura y que el pequeño sin preámbulo me dice:
- Abu. ¿Qué es esto de Ucrania? ¿Quién es Putin? ¿Tendremos guerra? Tengo miedo...
Lo ubico a mi lado, mientras pienso y siento cuán insoslayable es educar para la paz, para los sueños. Desde tales certezas lo acojo en mis brazos mientras le propongo.
- ¿Qué te parece Santiaguito, si hoy 21 de agosto, Día del Niño, dialogamos con poetas que se refirieron al tema? Por ejemplo con esos versos de Antonio Machado que dicen: “La guerra es el crimen estúpido por excelencia,/ el único que no puede alcanzar el perdón de Dios./ La guerra está contra la cultura/ pues destruye todos los valores espirituales./¡Señor! La guerra es mala y bárbara; / la guerra es odiada por las madres,/ entristece las almas y mientras la guerra pasa/ ¿Quién sembrará la tierra? / ¿Quién abrirá las escuelas?”
Santiaguito mira hacia el horizonte. Tiembla. Decide dejarlo a Putin para dialogar con don Sol.
Y ¡oh sorpresa! don Sol, tomándolo en sus brazos le empieza a contar un cuento de una autora tucumana muy amiga suya titulado “De cuando los arboles caminaban”:
Hace mucho, pero muchísimos años, cuando los árboles caminaban, sucedió algo que te quiero contar.
Cierto día Acho, que era un árbol muy estudioso, se preparaba para asistir a clase. La gran campana de floripón ya había repicado llamando a clase y Acho temía llegar tarde. Preocupado lo llamó a don Sol para que le diera la hora, pero Don Sol ya no estaba.
Acho muy nervioso empezó a correr.
Corría y corría velozmente cuando ¡fracc! tuvo que detenerse bruscamente.
¿Por qué?
Porque un enorme, enormísimo señor, pleno de luz y color. Gordo, muy gordo estaba cerrando el camino y lo peor era que intentaba ponerse de pie y no podía.
¿Sabés quién era?
¡Adiviná! ¡Tratá de imaginar!
Pues bien, te lo digo:
Era nada más y nada menos que Don Sol. ¡Sí! Don Sol, quien aburrido de estar siempre solo sin tener con quién jugar, decidió bajar para pescar mojarritas celestes en el río Salí. Pero descender le había resultado fácil. Lo que ahora no podía era subir. Solo, no lograba hacerlo.
Aprovechó su encuentro con Acho y le contó su problema.
Acho, inmediatamente decidió ayudarlo.
Lo primero que hizo fue convocar a todas las campanillas azules del Tucumán. Luego se comunicó con todos los pájaros de Acheral.
Y todo esto ¿para qué?
Para que los pájaros les prestaran sus alas, para que las campanillas empezaran a soplar todas juntas con mucha fuerza.
Tras lo realizado, inmediatamente don Sol, cual un inmenso gorrión dorado, inició su ascenso mientras abrazaba con mayor fuerza a su caja de colores y sorpresas.
Su felicidad era enorme pero, al mirar con mayor atención a su amigo Acho, advirtió que era un arbolito sin colores, sin luces, sin sonrisas, sin rocío...y en ese mismo instante decidió hacerle un regalo.
¿Un regalo...?
Sí. Un regalo. El caso es que sin perder ni un instante, don Sol abrió su caja en la que habitan luces, sueños, globos, primaveras, perfumes y en la que además habita don Arco Iris. Sin titubeos la desplegó e inmediatamente bañó a Acho con todos los tesoros que la caja contenía. Mientras lo hacía exclamaba: ¡Lap!_ Acho. _¡Lap_!_Acho (_Lap_ que en el idioma del Sol, quiere decir, gracias) ¿Lo sabías?
Los allí presente: campanillas azules del Tucumán, pájaros de Acheral, violetas silvestres de Famaillá, helechos plumosos y vientos chismosos todos juntos exclamaban maravillados:
*¡Ĺap, Acho!* ¡Qué hermoso muchacho!
Acho se había transformado en un bello árbol rosado y desde aquellas horas dejó de ser el opaco Acho, convirtiéndose en el bellísimo LAPACHO
¿Lo sabías?
Pues bien, como hoy es el Día del Niño, te hago llegar mi regalo.
© LA GACETA
Honoria Zelaya de Nader - Doctora en Letras. Miembro
de la Academia Argentina de Literatura Infantil Juvenil.